El pesebre de Navidad y su relación con San Francisco de Asís

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  • Última modificación de la entrada:12 diciembre, 2025
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En esta época cercana a la Navidad, gran parte del mundo occidental —católico y no tanto— se prepara para armar el árbol navideño y el pesebre que representa el nacimiento del Niño Jesús.

Muchos recordamos que, en Nochebuena, apenas pasaban las doce, corríamos a colocar al Niño Jesús en su cuna, porque ya había nacido. Y seguramente más de uno participó alguna vez, de pequeño, en un pesebre viviente.

La tradición de armar el pesebre se la debemos a San Francisco de Asís. Hijo de un importante y rico comerciante, nació en la Italia medieval a comienzos del siglo XIII. Fue un santo profundamente revolucionario para su época: renunció a todas sus posesiones y dedicó su vida a los pobres, con un objetivo claro y poderoso: llevar a Dios a la gente sencilla.

En aquellos tiempos, las misas se celebraban en latín y gran parte del pueblo no sabía leer ni escribir. Francisco comprendió, hace casi mil años, una verdad que sigue vigente: una imagen vale más que mil palabras.

Durante un viaje a Tierra Santa, en Belén —la ciudad natal de Jesús—, San Francisco representó el primer pesebre de Navidad y celebró allí la misa de Nochebuena. Gracias a esta representación, el pueblo pudo vivir de forma cercana y comprensible el misterio del nacimiento de Jesús.

A su regreso a Asís, hizo lo mismo en su ciudad natal. Sus seguidores, los monjes franciscanos, difundieron esta tradición a lo largo de Europa durante sus peregrinaciones.

Los pesebres de Navidad a lo largo del tiempo

Son especialmente famosos los pesebres napolitanos, que tuvieron su mayor esplendor en el siglo XVIII. Estas verdaderas puestas en escena nos permiten asomarnos a la vida cotidiana de la época, con personajes, oficios y escenas que retratan la sociedad de su tiempo.

La dominación española en América Latina trajo consigo la tradición del pesebre, que fue reinterpretada por las culturas locales. Así, hoy encontramos representaciones únicas en las tradicionales terracotas de los Andes, en regiones del norte de Argentina, Bolivia y Perú.

El paso del tiempo hizo el resto. Aún hoy existen lugares donde el armado del pesebre se vive con gran dedicación y profundidad. Pero, más allá de la tradición, lo verdaderamente importante es recordar el espíritu de San Francisco: que la Navidad no sea solo regalos y consumo, sino también un momento para mirar hacia adentro, reflexionar y reconectar con lo esencial.

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